El movimiento es vida: Por qué «parar» no siempre es la solución

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El movimiento es vida: Por qué «parar» no siempre es la solución

Seguro que te ha pasado: sientes un pinchazo en la espalda, una molestia en la rodilla o un tirón en el cuello, la reacción más común es pararse. Dejar de moverse, proteger la zona, evitar cualquier gesto que “moleste”. Es una respuesta lógica y humana. Pensamos que, si algo duele, lo mejor es «dejarlo descansar» hasta que se pase.

Sin embargo, la realidad es muy distinta. El cuerpo humano está diseñado para el movimiento. Músculos, articulaciones, tendones y huesos necesitan movimiento para mantenerse sanos. Cuando dejamos de movernos, especialmente cuando hay dolor, no solo no ayudamos a que mejore, sino que muchas veces empeoramos el problema., entrando en un círculo vicioso peligroso.

El mito del reposo absoluto

Durante décadas, la recomendación estándar ante una lesión era «cama y descanso». Hoy sabemos que el reposo prolongado es, en muchos casos, contraproducente.

Cuando dejamos de mover una articulación o un músculo porque nos duele:

  • La circulación disminuye: La sangre lleva los nutrientes necesarios para reparar los tejidos. Sin movimiento, la «ayuda» llega más lento.
  • Aparece la rigidez: Los tejidos se vuelven menos elásticos, lo que hace que el próximo movimiento duela aún más.
  • La atrofia muscular: El músculo que no se usa, se pierde. Y un músculo débil protege peor tus articulaciones.
  • El sistema nervioso se vuelve más sensible al dolor.

En otras palabras, se pierde funcionalidad. Lo que al principio era una molestia puntual puede acabar convirtiéndose en una limitación real para las actividades del día a día.

Si no lo usas, lo pierdes

Aquí reside la clave: la funcionalidad.

Si dejas de mover un hombro porque te molesta, tu cerebro empezará a «olvidar» cómo usarlo correctamente, interpreta la falta de movimiento como una señal de “desuso” y se adapta a ello.  Y esa adaptación suele traducirse en más rigidez, más debilidad y, paradójicamente, más dolor. Lo que empezó como una pequeña molestia puede acabar en una limitación real que afecte a tu vida diaria: desde coger algo de un estante alto hasta jugar con tus hijos.

Regla de oro:

El dolor no indica daño, sino una señal de protección exagerada. Es una invitación a movernos de forma diferente, no a dejar de movernos. Al movernos de forma controlada, ayudamos al sistema nervioso a recalibrar esa señal.

¿Cómo moverse cuando hay dolor?

Es importante aclarar algo: moverse no es forzarse ni ignorar el dolor. No se trata de “aguantar” o de hacer movimientos bruscos sin sentido. Se trata de encontrar formas de movimiento seguras, progresivas y adaptadas a cada situación.

No se trata de correr un maratón si te duele el tobillo. Se trata de buscar el movimiento adaptado.

  • Movimiento sin dolor (o tolerable): Encuentra ese ángulo o intensidad donde puedas moverte sin que el dolor sea agudo.
  • Carga progresiva: Empieza poco a poco. El cuerpo se adapta al esfuerzo si le damos tiempo.
  • Escucha, no temas: Es normal sentir cierta incomodidad al empezar. El miedo al movimiento (kinofobia) es lo que más retrasa las recuperaciones.

El movimiento es la mejor medicina

Cada vez hay más evidencia de que el reposo prolongado rara vez es la mejor opción. En la mayoría de los dolores musculoesqueléticos, el movimiento es parte del tratamiento, no algo que deba evitarse.

  • Ayuda a regenerar tejidos,
  • Nutre las articulaciones.
  • Mantiene la fuerza muscular.
  • Mejora la coordinación.
  • Envía al cerebro el mensaje de que esa zona sigue siendo útil y segura.
  • Mejora el ánimo.
  • Mantiene tu independencia física.

Caminar, movilizar suavemente, fortalecer de forma progresiva… todo suma. Incluso pequeños gestos cotidianos pueden marcar la diferencia entre recuperar una función normal o entrar en un círculo de dolor, miedo y limitación.

La próxima vez que sientas una molestia, no te quedes sentado esperando a que desaparezca por arte de magia. Muévete, adapta el ejercicio y recupera tu funcionalidad.

Si no sabes cómo hacerlo, acude a un profesional.

Escuchar al cuerpo no siempre significa parar. A veces, significa aprender a moverse mejor.

Tu cuerpo del futuro te lo agradecerá.

Muévete hoy, para poder moverte mañana.

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Olga Fernández Fernández
Olga Fernández Fernández
hola@ejerciciodinamicopostural.es

Especialista en Reeducación Postural y aplicación de la fuerza para el movimiento. Creadora de la Metodología EDP®

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